El hombre que salvó 160 vidas del suicidio

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Hoy queremos compartir la historia de Don Ritchie quien ha salvado a 160 personas de cometer suicidio, aunque su familia asegura que han sido 400. ¿Cómo lo hizo?

Don vive cerca de The Gap, un acantilado en Sidney. Es un popular destino turístico que desafortunadamente también ha ganado fama como un lugar donde suicidarse. Se estima que 50 personas terminan con su vida en este lugar cada año.

Mientras las personas que se han acercado a la orilla del acantilado, viendo las olas estrellarse en el fondo y preguntándose si deben de saltar, aparece Don y con una sonrisa les pregunta “¿Por qué no bajas de ahí y tomamos una taza de té?”. A veces la invitación es para compartir una cerveza.

Al aceptar, las personas son invitadas a su casa donde pueden platicar a cerca de sus problemas con una taza de té caliente. No hay consejos ni juicios. Sólo un ser humano escuchando a otro. Algunas de estas personas tenían problemas mentales, otras enfermedades, otras eran sólo personas enfrentando un periodo difícil de la vida. Para muchos, un oído que las escuchara era aparentemente todo lo que necesitaban para cambiar su mentes a cerca de brincar al vacío, después de la plática regresaron a su casa.

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Don nos revela su secreto: “A lo largo de los años, ya sea que hayan sido 160 [personas] o 260 o algunos hablan de 400 la otra noche, he hablado con muchos, con muchos de esta forma, de decirles, ‘¿Qué estás haciendo ahí? Por favor, ven y platica conmigo. Ven y tengamos una taza de té. Ven y tomemos una cerveza’, o algo parecido. Para alejarlos de sus pensamientos, alejarlos de ir hacia allá [al acantilado] mientras estoy ahí. Y es venderles la idea de venir y platicar acerca de lo que les pasa. ‘Dime porqué, ¿qué es lo que te preocupa?’ Un gran porcentaje de ellos viene y habla conmigo”.

Esto es lo que ha hecho Don durante casi 50 años. Extenderles una mano para ayudar. Ofrecerles su oído para escucharlos. Y salvar innumerables vidas del suicidio. Una mujer a la que Don y su esposa le salvaron la vida les escribe o los visita una vez al año para decirles que ahora se encuentra bien y feliz

En 2006, Don recibió la Medalla de la Orden de Australia por “su servicio a la comunidad a través de programas para prevenir el suicidio”. Él y su esposa Moya fueron nombrados “Ciudadanos del Año” en el 2010 por el Consejo de Woollahra, el gobierno local. También recibió el Premio de Héroe Local de Australia en el 2011. Don falleció en el 2012 a los 86 años de edad.

Naturalmente, Don no pudo salvar a todos. Algunos ya habían brincado para cuando se apresuró a llegar hasta ellos. Otros rechazaron sus invitaciones. Y a otros más llegó a sujetarlos por la fuerza mientras su esposa llamaba a la policía, lo que alguna vez casi le costó su vida ya que una mujer trató de lanzarse al vacío a pesar de todo.

Sin embargo, a Don no le pesan aquellas personas que se perdieron. Dice que no puede recordar el primer suicidio que vio, y ninguno le ha quitado el sueño. El hizo lo mejor que pudo con cada persona, y si no fue posible salvarla, acepta que no había nada más que pudiera haber hecho.

Qué podemos aprender de la historia de Don

A veces, en nuestra ocupada vida tendemos a olvidarnos de la gente. Gente que necesita ayuda, y que está haciendo lo mejor posible para irla llevando, que está enfrentando sus propias preocupaciones y estrés.

Personas que están a nuestro lado, o detrás de las pantallas de computadora recibiendo nuestros correos electrónicos, o desempeñando sus papeles oficiales, pero que siguen siendo personas. A veces olvidamos que son personas. A veces, pensamos en ellas como objetos que nos ayudan a hacer nuestras cosas. O pensamos en ellas como personas  que tienen todo resuelto, y no importa lo que les decimos o cómo los tratamos – ellos pueden arreglárselas con sus problemas y emociones porque nosotros tenemos nuestras propias cosas y emociones con las que tenemos que tratar.

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Pero eso puede ser que no sea cierto. Cada ser humano es una persona. Una persona con sentimientos, pensamientos, aspiraciones, miedos, responsabilidades y compromisos. Y de la misma forma en que nosotros estamos luchando con nuestros problemas, la persona junto a nosotros, frente a nosotros, o al otro lado del mundo usando el Internet para comunicarse con nosotros tienen sus propios problemas con los que están luchando. Sólo porque las personas no están gritando a cerca de sus problemas o caminando con una etiqueta que diga  que se sienten estresados o frustrados no quiere decir que no tengan problemas.

Así que, ¿por qué no mostrar un poco de amabilidad? Aquí algunas sugerencias:

  • Enviar un simple mensaje para saber cómo le va a un amigo.
  • Empezar una conversación con alguien.
  • Darle una sonrisa a un extraño o a alguien en su trabajo.
  • Dar un abrazo.
  • Dar un cumplido sincero a alguien que hizo un buen trabajo.
  • Hablarle a alguien sólo para saludarlo.
  • Ayudar a alguien que está buscando trabajo o escuchar a alguien que acaba de terminar una relación sentimental.
  • Enviar un mensaje de agradecimiento a alguien que hizo una diferencia en nuestra vida.
  • Darle una propina a alguien que dio un buen servicio.

Pero en el mundo en que vivimos, a veces, cuando tratamos de ser amigables y bondadosos, algunas personas piensan que estamos locos o que tenemos otras intenciones. Algunos están tan ocupados que no aceptarán tu ofrecimiento. Al menos que no quede de tu parte.

Sin embargo, otras personas apreciaran tus cuidados y amistad. Tal vez, ni se daban cuenta de que lo necesitaban. Para estas personas un pequeño acto puede hacer un mundo de diferencia. Puedes pensar que no importa, pero para ellos hace una gran diferencia. La pequeña invitación de Don para tomar un té y platicar parece inconsecuente para la gente practica del mundo material, pero ese toque humano y empatía es exactamente lo que hace falta en nuestro mundo de hoy.

Nunca sabes la vida de quien vas a cambiar en el proceso. Y tal vez al hacerlo, puede que estés cambiando tu vida también.

Traducción Veritas Redacción.