Bienaventurados

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Bienaventurados los constructores de paz y amor


“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos…” (Mateo 5, 3)

Nuestro Señor sube a la montaña para ser visto y escuchado por gran cantidad de personas que lo siguen de todos lados, buscando encontrar en Sus palabras aquello que le dé sentido a sus vidas… alimento para el alma y luz en su camino.


Y Cristo se hace escuchar, poniendo en el corazón de cada hombre la semilla que, si es cuidada debidamente, ha de crecer y dar mucho fruto. Renovando con su palabra a todo hombre, para que, dejándolo todo, le siga plenamente.

Así, inicia este sermón de las bienaventuranzas, invitándonos a despojar nuestro espíritu de todo aquello que nos pueda apartar de Él, que nos impida mirarlo cara a cara, para no buscar la seguridad de nuestras vidas en nuestras propias fuerzas o en el poder temporal, sino para encontrarla sólo en Él.

Conozco a muchos amigos que no duermen en las noches, que pasan largas horas en vela, preocupados, dándole vuelta a todos sus problemas, agobiados, irritados… intentando resolver lo que se escapa de sus manos, intentando controlar el futuro, mientras el agotamiento se apodera de ellos…

El “pobre de espíritu”, NO es el que deja de trabajar y cumplir con sus obligaciones. Sino que es aquél que es capaz de depositar toda su seguridad y confianza en Dios; el que con alegría recibe Sus bendiciones y enseñanzas. El que ha aprendido a llamarlo “Padre”, con la seguridad de ser escuchado…

Señor, que yo pueda trabajar en tu viña y hacer de tu Palabra mi alimento de cada día…

 

Que Dios te bendiga
Tu amigo Zurc0
Twitter: @Zurc0

Modificado por última vez en Miércoles, 02 Febrero 2011 15:34
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