Lunes, 09 Agosto 2010 10:49

De la rebeldía a la cercanía con mis padres (Parte 1)

Escrito por  Nacho
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Un fenómeno muy común, especialmente entre los jóvenes, es la soberbia que hemos tenido algunos de nosotros hacia nuestros padres, la que, con frecuencia, nos empeñamos en mantenerla a toda costa, menospreciándolos, siendo que, en la mayor parte de los casos, nos han dado muchas cosas buenas, entre ellas, todos nos han dado la vida.

En mi caso, por razones diversas, tuve un menor acercamiento a mis padres que algunos de mis hermanos durante mi niñez y juventud. Más aún, cuando me casé, por distintas circunstancias no fui tan cercano a ellos. No es que hubiere tenido propiamente un rechazo, pero sin lugar a dudas había ciertos resentimientos que no permitían que hubiere una relación si no ideal, al menos con una aceptación completa, por lo menos por lo que a mí tocaba.

Mis padres, que en paz descansen, fueron personas muy virtuosas, y no es que yo pretenda hacer una falsa historia de ellos por ser difuntos, como en la canción de Chava Flores que rima; ¨Cuando vivía el infeliz ¡Ya que se muera! Y hoy que ya está en el veliz ¡Que bueno era!¨.

Quiero compartir con ustedes algunos detalles de mi relación íntima con mi padre y mi madre, de la manera más verdadera que recuerdo, pues creo que esta vivencia será útil a muchos jóvenes, y algunos no tan jóvenes, que menosprecian a sus padres por tener seguramente muchos defectos, como mis padres también los tenían. Sin embargo, a pesar de todo, pude llegar a tener con ambos una relación especialísima, que a mi juicio fue única entre todos mis hermanos.

Gracias a esa relación tan bella, durante la última década de la vida de ambos es que sané muchas heridas en mi corazón, porque en los de ellos no existía herida alguna, ya que un padre y una madre generalmente perdonan y olvidan todo. Bien recuerdo cuando en los últimos años de la vida de ambos les pedí perdón por las desobediencias y ofensas que cometí contra ellos durante mi vida, a lo que respondieron que yo siempre había sido un buen hijo y que no tenían nada que perdonarme.

Desde pequeño fui muy rebelde, desobedeciendo continuamente a mis papás y considerando que mi madre prefería a mi hermano que me llevaba dos años. No dudo que ella hubiere tenido mejor relación con él que conmigo, pero sin pretender culparla o echarme la culpa, el hecho es que se dio un problema creciente entre ella y yo, que también afectó la relación con mi padre.

Al casarme, conforme a los valores que ellos me inculcaron traté, junto con mi esposa, de hacer un hogar sólido, separado del de mis padres, lo que provocó ciertas asperezas nuevamente, pues mi padre se encontraba sin empleo y nosotros estábamos comenzando nuestra vida como familia, lo que nos imponía ciertas cargas financieras importantes.

En la segunda parte les narraré cómo recibí gratuitamente la oportunidad de acercarme a ellos maravillosamente en sus últimos años.

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Modificado por última vez en Viernes, 27 Abril 2012 16:46

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