¿Amoris laetitia permite comunión de divorciados vueltos a casar? Obispo argentino dice no

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En una reciente carta pastoral, el Obispo de San Luis en Argentina, Mons. Pedro Daniel Martínez Perea, explica que la exhortación apostólica del Papa Francisco Amoris laetitia no permite la comunión eucarística para los divorciados vueltos a casar.

En la carta pastoral titulada “Matrimonio, nuevas uniones y Eucaristía en el capítulo 8 de Amoris laetitia” (AL) y firmada el 29 de junio de 2017, Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Obispo asegura que “una lectura serena y armónica de Amoris laetitia implica considerarla en el marco del criterio eclesial y hermenéutico” de la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II.

“En este sentido y contexto, se puede concluir que la Exhortación Apostólica en ningún momento afirma que les sea moralmente lícito vivir more uxorio (convivencia con relaciones sexuales) a los fieles unidos en una nueva unión, permaneciendo válido un vínculo matrimonial anterior y que puedan recibir la Sagrada Comunión permaneciendo en ese estado de vida”.

Además, alerta el Prelado, “si así se entendiera, hipotéticamente, a mayor razón (por no tener un vínculo anterior) se seguiría que aquellos jóvenes cristianos que simplemente convivan en intimidad de modo estable podrían también recibir la Sagrada Comunión, permaneciendo en ese estado”.

En otras palabras, resalta Mons. Martínez, “la Exhortación Apostólica postsinodal, Amoris laetitia no ha cambiado al respecto ni la doctrina ni la disciplina eclesiástica, que se funda en aquélla. Es decir, los fieles unidos en una nueva unión, permaneciendo un vínculo matrimonial anterior válido con otra persona, podrían recibir la Sagrada Comunión, fuera de peligro de muerte, solo si se cumplen las condiciones previstas por la Iglesia para esos casos particulares”.

Nulidad matrimonial

El Obispo de San Luis propone también algunas perspectivas que se han de considerar ante unos esposos cuyo matrimonio podría ser nulo.

En una primera actitud, indica, se debe ayudar a los fieles “que se han separado para que hagan lo posible ante Dios de intentar reconciliarse, con actitud de perdón y así poder restablecer la vida matrimonial interrumpida”.

“En un segundo momento y considerando imposible tal reconciliación matrimonial –prosigue– en el camino de discernimiento pastoral si se cree que haya fundamentos para iniciar un proceso en vistas a una declaración de nulidad se pueden dar los pasos previstos por la Iglesia para ello”.

Al respecto, precisa el Obispo de San Luis, “es oportuno recordar que la declaración de la nulidad matrimonial no consiste en ‘anular un matrimonio válido’ sino en que se ha llegado a la certeza de que un determinado matrimonio que se creía válido nunca lo fue objetivamente, luego de un proceso jurídico que incluye una investigación en la verdad y la justicia según causales y motivos precisos objetivamente conformes con la ley divina, la natural y la eclesiástica”.

Dos posibilidades

Mons. Martínez señala luego dos posibles escenarios con las parejas que han sometido su caso a revisión para verificar si es que su matrimonio es nulo y, por lo tanto, si pueden acceder a la Eucaristía.

La primera posibilidad es que “si al finalizar el proceso sobre la validez o no del matrimonio la Sentencia ‘del primer juez’ determinara la constancia de la nulidad del vínculo matrimonial, el matrimonio que en su momento se creía válido en realidad había sido nulo”.

“En esta situación los que convivían en una nueva unión luego de un camino espiritual apropiado, y si no existen otros impedimentos, podrán acercarse al sacramento de la reconciliación, contraer el sacramento del matrimonio, vivir como cónyuges y recibir la Santa Comunión”, explica.

La segunda posibilidad que plantea el Prelado se refiere a aquella en la que no existe nulidad y el vínculo permanece válido. En este caso, refiere, puede haber tres caminos en el acompañamiento espiritual que ha de brindarse a las parejas.

Un primer camino, dice, es invitar “a los fieles que conviven a tomar los caminos para la separación. Pues estarían viviendo de modo contrario a las enseñanzas del Evangelio. Y, por ello, si continuaran en ese estado de convivencia (more uxorio) permaneciendo el vínculo sacramental con otra persona estarían en estado objetivo de pecado”.

“Esta realidad de vida imposibilita la recepción de la Santa Comunión, excepto en peligro de muerte, pues contradice la ‘unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía’”.

La segunda vía que propone el Prelado se refiere a los casos en que existan “condiciones objetivas” y “motivos serios” para que la pareja no se separe, como la educación de los hijos. En esas situaciones, señala, “la Iglesia, como madre de todos que busca la salvación de sus hijos, los invita a arrepentirse de ‘haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo’, que asuman ‘el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos’ y que estén dispuestos a vivir ‘una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio’”.

“Invitación de comprensión y acercamiento pastoral por la cual tales fieles podrían acercarse al sacramento de la reconciliación y recibir la absolución sacramental, que les abriría el camino, remoto scandalo, a recibir la Santa Comunión”, escribe el Obispo.

En el tercer camino que propone, Mons. Martínez resalta que “si realmente esta propuesta no es posible, si bien no puedan recibir la Santa Comunión, debemos acompañarlos y exhortarlos para que cultiven un estilo de vida cristiano, pues siguen perteneciendo a la Iglesia. Esta, como madre, tampoco los abandona sino que reza por ellos, los anima y no los considera necesariamente como ‘obstinados’, por vivir en ese estado contrario a las enseñanzas del Evangelio”.

El Prelado recuerda además la invitación de la Iglesia a las parejas divorciadas en nueva unión que viven more uxorio para que escuchen la Palabra de Dios, frecuenten la Misa, recen, incrementen las obras de caridad, eduquen cristianamente a los hijos y pidan cotidianamente la gracia de Dios; y sugiere a los fieles la posibilidad de adorar al Santísimo Sacramento en alguna de las doce capillas que su diócesis tiene para ello.

El Obispo de San Luis propone también que, en cualquiera de los tres caminos, el acompañamiento pastoral debe considerar que “ante estas dolorosas y nuevas situaciones, en las que pudieran encontrarse algunos fieles y que si bien no responderían ‘objetivamente a la propuesta general del Evangelio’ (AL n. 303) y a la ‘enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio’ (AL n. 292), el Santo Padre nos anima a una paternal dedicación pastoral, pues la Iglesia ‘se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia’ para conducirlas ‘a la fuente de salvación’.

El matrimonio es una alianza indisoluble

En sus apreciaciones finales, el Obispo de San Luis alienta a valorar la fidelidad matrimonial y resaltó que “la grandeza del matrimonio cristiano consiste en ser no solo un ‘pacto’ (pactus) entre un varón y una mujer según condiciones jurídicas determinadas (orden natural) sino sobre todo consiste en su profunda novedad como lo es la unión obrada por Dios entre un varón y una mujer en una ‘alianza’ (foedus) indisoluble de toda sus vidas que prefigura la unión entre Cristo y la Iglesia y que el hombre no puede separar (orden sobrenatural)”.

“El matrimonio cristiano, entonces, en su sentido más profundo es un misterio de gracia, una realidad teológica establecida por Dios mismo. Por ello, no puede ser considerado por los fieles como algo dejado a la sola libertad personal reduciéndolo a una mera entidad sociológica”, resalta.

El Prelado exhorta a pensar en la “cultura social durante la época del Imperio Romano, del mundo griego y del fenicio. Cultura que el Nuevo Testamento, especialmente las Cartas Católicas, la oponen al ideal cristiano por lo cual los Apóstoles con energía y caridad misericordiosa advertían a los fieles cristianos que no podían ni pensar (verdad especulativa) ni vivir (verdad práctica) como los paganos”.

“Recordemos que, ayer como hoy, sigue siendo una inmensa riqueza el amor fiel, auténtico, estable y fecundo. En ese sentido y movidos por una solícita caridad en la verdad, valoremos y animemos a los esposos cristianos que aún con dificultades o crisis las han superado con la gracia de Dios permaneciendo fieles con sacrificios y renuncias personales”, alienta.

El Obispo de San Luis destaca asimismo que “la familia cristiana fundada en el sacramento del matrimonio indisoluble (entre un varón y una mujer) es la célula de la sociedad tanto para el bien de la Iglesia como de la misma sociedad civil”.

Condiciones para recibir la Santa Comunión

En su carta pastoral, Mons. Martínez también recuerda las condiciones que la Iglesia establece para recibir la comunión eucarística adecuadamente:

  • Tener fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
  • Confesión sacramental (in re vel in voto) si fuera el caso; propósito de enmienda (evitar el pecado y las ocasiones). Es decir, recibirla en gracia de Dios, pues quien tenga conciencia de estar en pecado mortal “debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”, como establece el Catecismo de la Iglesia Católica.
  • Estar en ayunas una hora antes.
  • Acercarse a recibirla con piedad y devoción.
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