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He caído en la cuenta de que me he confundido entre dos realidades: hacer las obras de Dios y buscar verdaderamente a Dios.

Por tu amor infinito, Señor,
me has llamado a seguirte,
a ser tu hijo y tu discípulo.

Luego me has confiado una misión
que no se asemeja a ninguna otra,
pero con los mismos objetivos
de las demás:
ser tu apóstol y testigo.

Sin embargo, la experiencia
me ha enseñado
que continúo confundiendo
dos realidades:
Dios y sus obras.

Dios me ha dado
la tarea de sus obras.

Algunas sublimes,
otras más modestas;
algunas nobles,
otras más ordinarias.

Comprometido en la pastoral en la parroquia,
entre los jóvenes,
en las escuelas,
entre los artistas y los obreros,
en el mundo de la prensa,
de la televisión y la radio,
he puesto en ello todo mi ardor,
utilizando todas mis capacidades.

No me he reservado nada,
ni siquiera la vida.

Mientras estaba así,
apasionadamente inmerso en la acción,
me encontré con la derrota de la ingratitud,
del rechazo a colaborar,
de la incomprensión de los amigos,
de la falta de apoyo de los superiores,
de la enfermedad y la debilidad,
de la falta de medios...

También me aconteció, que en pleno éxito,
cuando era objeto de aprobación,
de elogios y de apego para todos,
fui imprevistamente removido y se me cambió de papel.
Heme aquí, pues, poseído por el aturdimiento
camino a tientas
como en la noche oscura.

¿Por qué, Señor, me abandonas?
No quiero desertar de tu obra.
Debo llevar a término mi tarea,
terminar la construcción de la Iglesia...
¿Por qué atacan los hombres tu obra?
¿Por qué le quitan su sostén?
Ante tu altar, junto a la Eucaristía,
He oído tu respuesta, Señor:
«¡Soy yo al que sigues, no a mi obra!
Si lo quiero me entregarás la tarea confiada.
Poco importa quién tome el puesto; es asunto mío.
Debes elegirme a Mí».

Fragmento del libro Cinco panes y dos peces escrito por el Card. Francisco Xavier Nguyen Van Thuan durante su aprisionamiento bajo el régimen comunista.

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización