Dirigir con el consejo y la amistad

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Has de saber lo que quieres y quererlo con convicción. Sin esa convicción, paralizarás a tus subordinados. Si les dejas a ellos la decisión, sembrarás entre ellos la confusión (Card. Van Thuan).

También el dirigente vive sometido a la disciplina. e intenta comprender las órdenes de sus superiores y aplicarlas con lucidez. Se esfuerza por encontrar la mejor manera de ejecutarlas y pone en marcha toda su energía para superar los obstáculos (Card. Van Thuan).

Los Padres salesianos (que se llaman así por san Francisco de Sales, pero que fueron fundados por san Juan Bosco) tienen colegios para la educación de los huérfanos pobres.

Una noche, el director de uno de esos centros oyó muy claramente, durante el sueño, la voz de san Juan Bosco que le dirigía esta reprimenda: «Tú eres el director de esta casa. Pero tu dirección permite que se cometan demasiadas faltas de disciplina. Apresúrate a hacer las necesarias correcciones».

El interesado, como estaba demasiado ocupado, se olvidó de esa advertencia. Unos días más tarde, escuchó el mismo aviso en las mismas circunstancias. Y, como ocurrió la primera vez, la advertencia fue arrastrada por la oleada de las ocupaciones. Cuando pensaba en ello, se asustaba, pero luego se tranquilizaba: «Creo que he hecho lo que podía. Además, yo no soy el único que carga con esa responsabilidad... ¿Y no habrá sido una alucinación?»

Pasaron los días y las cosas no mejoraron. Una mañana, cuando se disponía a decir misa, en el momento del Confiteor, oyó, amenazadora, la misma voz, la de Don Bosco: «Restablece la disciplina, o ésta de hoy será tu última misa». ¡Se quedó consternado!

Después de la misa, reunió con urgencia a los principales responsables de la casa y les comunicó los hechos extraordinarios que le habían ocurrido en los últimos días. Todos se examinaron y estudiaron la situación, pero no encontraron el fallo. Llegó otra noche. «¿Será la última? ¿Celebraré aún la misa mañana?» Estaba ansioso.

De pronto, abrió los ojos. Juan Bosco estaba al lado de su cama.

— Levántate. Vístete y sígueme.

El culpable se levanta y recuerda que su padre fundador tiene el don de la ubicuidad. Se viste y lo sigue. Por donde pasa, las puertas se van abriendo. Y Juan Bosco se fija en todo:

— Esto está bien..., merece que te felicite... Pero aquello... ¿dónde está el trabajo? Es un abandono total. ¿Dónde está la disciplina? Aquí no hay más que desorden. Y mira éstos: ¡malos!, ¡podridos!, ¡escandalosos!

Bajo la dirección del Santo, el director lo fue viendo todo:

— Claro que hay que amarlos, comprenderlos, ponerse a su altura, vivir con ellos, dialogar, rezar con ellos... Pero nuestros cuidados y nuestra presencia deben prevenir el mal. ¡A toda costa! Piensa en lo que hay que hacer.

Luego el santo lo llevó a su celda. El director se deshizo en excusas y en agradecimientos, recibió la bendición del santo y volvió a acostarse...

El día siguiente ya no fue un día más. El director reunió a primera hora a los responsables y les contó lo que le había ocurrido durante la noche... Anonadados, hicieron examen de conciencia. Se formó un consejo de disciplina que decretó sanciones. ¡Fue una verdadera depuración! Y la casa recobró su entusiasmo

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización
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