El Evangelio, nuestra norma de vida

Publicado en Fe
Valora este artículo
(1 Voto)

No tengas más que una norma: el Evangelio. Esta es una constitución que debe primar sobre todas las demás. Es la que dejó el Señor a sus discípulos.

No tengas más que una norma: el Evangelio. Esta es una constitución que debe primar sobre todas las demás. Es la que dejó el Señor a sus discípulos. No encierra ninguna de las dificultades, complejidades y vericuetos que se contienen en las demás constituclones. Al contrario, es dinámica, humana y te estimulará a la generosidad. Fuera del Evangelio, sólo hay santos falsos (Card. Van Thuan).

Antes de convertirse en un gran especialista en la Sagrada Escritura, san Jerónimo era ya un escritor famoso, enamorado de las obras de Cicerón. Un día, oyó cómo el Señor le preguntaba:

— Jerónimo, ¿tú de quién eres discípulo?

— De Jesucristo.

— No, eres discípulo de Cicerón.

Captó el mensaje y se decidió a buscar la palabra de Jesús. Y se entusiasmó de tal manera con ella, que partió para Tierra Santa y se fue a la gruta de Belén para traducir la Biblia y meditar y vivir en los lugares donde Jesús había vivido, hecho milagros, instituido la Eucaristía y donde había muerto. Su experiencia lo llevó a escribir años más tarde: «El que no conoce la Sagrada Escritura, no conoce a Jesús», frase que recoge el Concilio en la constitución sobre la revelación, n° 25.

En mi niñez, vi a un anciano sacerdote que llevaba sobre el pecho una bolsita de terciopelo que contenía en su interior el Nuevo Testamento, que él leía en los ratos libres. Más tarde me la regaló a mí. Yo lo admiraba. Pero había otros que se reían de él: «¡Qué vejestorio!». La constitución conciliar sobre la revelación (n° 21) me ha hecho comprender que aquel anciano sacerdote tenía razón, y lo admiré aún más: «La Iglesia ha venerado siempre la Sagrada Escritura, lo mismo que ha venerado el Santísimo Sacramento».

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización