Publicado en Fe
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El Padre Werenfried siempre pedía que le dieran tocino ahumado, pero detrás de esta extraña petición se encontraba una noble causa.

El drama de los pobres no está tanto en su pobreza cuanto en que no puedan vivir una existencia digna del hombre (Card. Van Thuan).

El Señor podía haber elegido a «autómatas». Pero quiso correr el riesgo de equivocarse eligiendo para colaboradores a pecadores, impulsivos, personas de temperamento difícil (Card. Van Thuan).

El «Padre del tocino» es el apodo pintoresco del P Werenfried, un holandés de la Orden de los Premonstratenses, que no pedía más que tocino salado y ahumado para que pudiesen ahorrar pan sus primeros protegidos de Europa del Este, que se habían refugiado en Alemania después de la segunda guerra mundial. ¡Recogía tocino ahumado y lo distribuía entre ellos! Cuando hubo cubierto las primeras necesidades en esos campamentos, dirigió su obra hacia los demás pobres —éstos permanentes— de la Iglesia silenciosa que sufre en su cuerpo y en su alma. Luego se la llamó Ayuda a la Iglesia necesitada. Pero ya no es tocino salado y ahumado lo que se necesita, sino todo lo que puede ser útil en la vida, desde una bici a un proyector, o un «2 caballos», o un receptor de radio... para ayudar a que una vida humana se desarrolle tal como Dios quiere para todos y cada uno de sus hijos.

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización
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