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Guarda cuidadosamente un secreto: la oración. No hay nadie más fuerte que una persona que ora, pues el Señor le ha prometido que le concederá todo lo que pida.

Guarda cuidadosamente un secreto: la oración. No hay nadie más fuerte que una persona que ora, pues el Señor le ha prometido que le concederá todo lo que pida. Cuando os reunís para orar, el Señor está en medio de vosotros (cf Mt 18,20). Te lo pido encarecidamente: además de la oración oficial, dedica cada día al menos una hora a la oración, y, si puedes, dos horas. No será tiempo perdido o inútil. En el camino que yo llevo ya recorrido, he comprobado la verdad de esta frase de santa Teresa de Jesús: "Al alma que no tiene oración, no hace falta que se la lleve el demonio: ella sola se precipitará en el infierno"' (C. E. 984).

San Ignacio enseña: «Orad antes de tomar cualquier decisión».

San Bernardo: «Confiad más en la oración que en vosotros mismos».

El P. Suárez: «El mejor director espiritual es el que consulta a Dios».

La frase más parecida de santa Teresa es: «Sabe el traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida» (Vida, cap. 19, n° 7).

El P. Gaston Courtis: «Formemos siempre equipo con Dios».

Las ganancias directas de la oración:

  1. Te convertirás en instrumento eficaz en las manos de Dios, siempre nuevo y reluciente. Tu alma se convertirá en algo así como una antena supersensible para captar las ondas de la acción del Espíritu Santo.
  2. Tu alma es como una clavija enchufada a la corriente, por la que pasan hacia ti todas las gracias de Dios.
  3. Pensarás y actuarás sólo por Dios, y no por tu interés personal, y no sentirás orgullo en los éxitos ni desaliento en caso de fracaso.
  4. No te rebajarás utilizando ardides o artimañas con el único fin de lograr tus propósitos.

Las ganancias indirectas de la oración. Gracias a la unión con Dios, evitarás:

  1. la impaciencia;
  2. la precipitación;
  3. el miedo a disgustar a alguien;
  4. la inconstancia;
  5. la parcialidad.

Y, sobre todo, salvarás tu alma.

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización