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¿Has visto caer la lluvia una tarde de invierno, en innumerables gotas de agua? Los que entran cada día en la eternidad son tan numerosos como esas gotas a las que nadie presta atención...

¿Has visto caer la lluvia una tarde de invierno, en innumerables gotas de agua? Los que entran cada día en la eternidad son tan numerosos como esas gotas a las que nadie presta atención. Y un día, serás tú una de esas gotas (Card. Van Thuan).

Si piensas en todos esos cuerpos deslumbrantes, en esas estrellas de cine y esas reinas de la belleza que han sufrido el destino común, o sea la corrupción y la podredumbre, comprenderás lo que significa la palabra «vanidad» y sacarás las conclusiones pertinentes (Card. Van Thuan).

Francisco de Borja (1510.1572) era hijo del duque de Gandía (España). A los diez años quedó huérfano y fue confiado a un tío suyo, que era arzobispo de Zaragoza. A los diez y ocho años entró en la corte imperial de Carlos V y se casó con Leonor de Castro, de la que tuvo cinco hijos... Nombrado guardia de honor de la emperatriz, veía abrirse ante sí una brillante carrera.

De pronto, un acontecimiento cambió el curso de su vida. Murió la emperatriz, y a Francisco se le encomendó la misión de llevar su cuerpo para inhumarlo en el panteón de los reyes de Granada. Al llegar, abrieron el féretro para verificar la identidad del cuerpo antes de enterrarlo. A sus ojos se ofreció un espectáculo insufrible: un cadáver en plena descomposición y que exhalaba un olor insoportable... «¿Es ése el final de la vida, de las riquezas, de la gloria y de la hermosura?», se preguntó.

Y allí mismo tomó la decisión de no apegarse más a nada de eso. El emperador aceptó su dimisión y lo envió como virrey a Cataluña, donde pasó la vida orando y meditando. A la muerte de su padre, se convirtió en duque de Gandía y administró sabiamente el ducado. Pero a la muerte de su esposa, la duquesa, ingresó en la Compañía de Jesús, de la que diecisiete años más tarde fue el tercer superior general.

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización