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Si logran mantener el secreto, este podría ser el escape perfecto...

Cuanto más prudente seas, menos lo lamentarás (Card. Van Thuan).

La prudencia no está hecha de misterios, sino de delicadeza natural. ¿Te gustaría que expusiesen tu vida privada a la vista de todos? Cuando pides a alguien que guarde un secreto que acabas de revelarle, ya lo has traicionado. Eso demuestra que no has sabido guardarlo (Card. Van Thuan).

El cura de Ars, Juan María Vianney, pasó toda su vida en el confesonario, escuchando las confesiones de la gente y perdonándolos en nombre de Dios. Pero esta vida le resultaba pesada. Quiso retirarse a la Trapa para ayunar y hacer oración. Como el obispo se opuso a ello, el santo decidió huir. Una vez que lo hubiese logrado, le sería más fácil conseguir el consentimiento del obispo. Le habló de su decisión a Catalina Lassagne, encargada del orfelinato, pidiéndole la mayor discreción:

— Usted seguirá ocupándose del orfelinato sin mí. Me marcharé esta noche. ¡Pero no se lo diga a nadie!

La mujer le prometió su discreción de mujer.

Apenas volvió el párroco la espalda, Catalina fue a ver al coadjutor para transmitirle su inquietud:

— ¡Esta noche a las diez se marchará el párroco! ¡Pero hay que guardar el secreto a toda costa!

El coadjutor, preocupado por tener que llevar él solo el peso de aquel secreto, fue a desahogarse con el sacristán, pidiéndole discreción...

Por la noche, el párroco salió de la casa rectoral a la chita callando con un candil en la mano. El silencio que reinaba a su alrededor le convencía de que su secreto había sido respetado. Y caminaba confiado. Pero oyó un ruido detrás de él. Se volvió y vio tres sombras que lo seguían.

— ¿Adónde vais? ¡Volveos! Dejadme ir a la Trapa.

— ¡No! No puede dejarnos. ¡Cuántas almas ya no se convertirán si usted se va!

Después de largos minutos de tratos y regateos:

— En fin, habrá que obedecerle. Déme la lámpara, lo llevaré fuera del pueblo, le dijo el coadjutor cogiéndole el candil.

Los cuatro hicieron un buen trecho del camino... Sonó el ángelus de medianoche. Era la hora de las confesiones. Y apresuraron el paso. Pero detrás los seguían otros pasos. Eran los fieles que, al no encontrar a nadie en el confesonario, se habían puesto a buscar al párroco... Y no tuvieron que andar mucho: habían estado dos horas dando vueltas al pueblo detrás del malicioso vicario...

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización