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La primera reacción de un niño cuando tiene miedo, cuando está en apuros, o cuando sufre, es la de llamar a su madre.

La primera reacción de un niño cuando tiene miedo, cuando está en apuros, o cuando sufre, es la de llamar a su madre. Para él, ese grito lo resume todo. Acostúmbrate también tú a llamar a tu Madre: «Madre, te amo; tú lo eres todo para mí» (Card. Van Thuan).

No hay nada más precioso que ese don que nos viene de las entrañas de María: Jesús, el don precioso por excelencia. Precioso también el seno que llevó a Jesús, «fruto bendito de su vientre» (Card. Van Thuan).

El niño imita en todo a su madre, incluso en lo que es difícil y peligroso. Pero no porque quiera seguir el ejemplo de quien es su ídolo y su todo, sino simplemente porque la ama y se fía de ella. Tomará la medicina que le ve tomar ella, e irá con ella a la cárcel. María es el ejemplo luminoso que necesita tu alma. Imítala. El Dios Trino no puede modelar santidad mayor que ésa (Card. Van Thuan).

La imagen de Nuestra Señora de Jasna Gora (Chestokowa, Polonia) es la más representativa de la devoción del pueblo polaco a la Virgen. Fue bendecida en 1957 por el papa Pío XII, y es la Virgen peregrina de Polonia y por dondequiera que pasa va derramando oleadas de gracia a lo largo y ancho del país.

El papa Juan Pablo II, en la primera encíclica de su pontificado, Redemptor hominis, escribió el último número, el 22, con el precioso título «María, esperanza nuestra». Transcribimos unos pasajes altamente expresivos:

Si en esta difícil e importante fase de la historia de la Iglesia y de la humanidad sentimos la urgente necesidad de dirigirnos a Cristo, que es el Señor de la historia de la Iglesia y de la historia del mundo, creemos que nadie mejor que María podrá introducirnos en la dimensión de Dios y del misterio de Cristo, pues nadie ha sido enriquecido por Dios como ella y nadie ha penetrado tan profundamente como ella en Dios y en el misterio de Cristo. En esto consiste el carácter excepcional de la gracia de la Maternidad divina. No sólo es única e irrepetible la dignidad de esta Maternidad en la historia del género humano, sino que también es única, por su profundidad y por su radio de acción, la participación de María, en razón de su Maternidad, en el designio divino de la salvación del hombre a través del misterio de la Redención.

Y ese misterio tuvo lugar en el corazón de la Virgen de Nazaret cuando pronunció su Fiat. A partir de ese instante, el corazón de María, Virgen y madre a la vez por obra del Espíritu Santo, no ha cesado de seguir la obra de su Hijo, yendo al encuentro de todos aquellos a los que Jesús ha abrazado en su inmenso amor. Por eso, el corazón de María es el corazón inmenso de una madre. La característica peculiar de este amor materno que la Madre de Dios infunde en el misterio de la Redención y en la vida de la Iglesia radica en su proximidad al hombre y a todas sus vicisitudes.

En esto consiste el misterio de María. La Iglesia, que la mira con amor y esperanza particularísima, quiere penetrar cada día más profundamente en ese misterio. Y además, en ese misterio la Iglesia quiere descubrir el camino de su vida de cada día y de la vida de cada uno de sus hijos.

Ese amor eterno del Padre se ha manifestado en la historia del mundo en la persona del Hijo, a quien el Padre entregó al mundo para que no perezca ninguno de los que creen en él sino que tengan vida eterna. Y ese amor llega hasta nosotros por medio de esta Madre, gracias a la cual ese amor se nos manifiesta a todos de manera papable y accesible.

Por eso María debe hacerse presente en todos los caminos de la vida diaria de la alglesia. Gracias a su presencia maternal, la Iglesia tiene la convicción de que está viviendo la misma vida de Cristo, su Maestro y Señor, y de que vive el misterio de la Redención en toda su profundidad y plenitud vivificante. Y cuando la Iglesia penetra en los diversos ámbitos de la humanidad contemporánea, adquiere también la certeza y hasta la experiencia de estar cercana al hombre, a todo hombre, de ser su Iglesia, la Iglesia de todos y cada uno de ellos, la Iglesia del Pueblo de Dios».

Si estas líneas son las del teólogo y el mariólogo que ejerce su magisterio, las que siguen son las del niño que le cuenta a su madre los sentimientos de un corazón que la adora con ternura: Jesús nos ha señalado claramente los ejemplos que tenemos que seguir:

• El Padre: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,48).

• Pero como el Padre está lejos de nosotros en el cielo, se señaló a sí mismo: «El que me ve a mí, ve al Padre» (Jn 14,9).

• Pero además, ha querido darnos el mayor modelo de ternura y de cariño, nuestra Madre María: «Ahí tienes a tu Madre» (Jn 19,27) (Card. Van Thuan).

«Madre de Jasna Gora,

1. Los peregrinos que vienen a visitarte tienen la buena y santa costumbre de venir a decirte adiós antes de volver a sus casas. ¡Cuántas veces lo he hecho yo como ellos, y cuántas veces tú me has acogido! Cuando yo estudiaba en la escuela y en el instituto, venía aquí con mi padre y con los peregrinos de mi parroquia de Wadowice. Incluso me acuerdo de haber venido aquí clandestinamente, para representar a la juventud universitaria de Cracovia, durante el terrible período de la ocupación del país, para no interrumpir la peregrinación universitaria anual que comenzó en el año memorable de 1936. Y recuerdo también los momentos de separación, cuando vine como capellán de los estudiantes, o como obispo al frente de las peregrinaciones de sacerdotes de la diócesis de Cracovia.

2. Vengo también hoy, Madre de Jasna Gora, con el venerado cardenal arzobispo de Polonia, el obispo de Chestokowa, y con toda la jerarquía de nuestro país, para decirte adiós una vez más. Vuelvo hoy en mi calidad de primer servidor de tu Hijo y sucesor de san Pedro en la Sede de Roma.

Imposible expresar con los labios el sentido de esta peregrinación. No encuentro palabras para hablar de tu amor a nosotros en el pasado, en el presente y todavía más en el futuro. Madre de la Santa Iglesia y Reina de Polonia, perdónanos y permítenos decirte gracias cantando en silencio en estos momentos del adiós.

3. Ante tu imagen, yo quiero decir gracias a mis hermanos en el episcopado: al cardenal Primado, a los arzobispos y obispos de Polonia. Dios me ha elegido de entre sus filas, con ellos he compartido desde el principio tristezas y alegrías, y sigo manteniéndome unido a ellos. Ellos son, según san Pedro, modelos del rebaño (1 Pe 5,3), y han ofrecido su valor al servicio de la Iglesia y de la patria sin escatimar trabajos. Quiero daros gracias a todos, hermanos, en especial al cardenal Primado. Quiero repetir una vez más, aunque no lo explicite aquí, lo que os dije en Roma, el 22 y 23 de octubre del año pasado; quiero recordarlo hoy ante nuestra Madre de Jasna Gora con la mente y con el corazón.

Doy las gracias a todos los que me han acompañado estos días en esta peregrinación. Especialmente a los religiosos que sirven en este santuario, a los Padres de Paulino, a los superiores mayores, que son al mismo tiempo los encargados de Jasna Gora.

4. ¡Madre de la Iglesia! Una vez más me consagro a ti para ser esclavo de tu amor maternal: ¡Totus tuus! Yo soy enteramente tuyo. Te consagro toda la Iglesia, en todos los lugares de la tierra. Te consagro toda la humanidad, a mis hermanos. Todas las razas, todos los pueblos. Toda Europa. ¡Todos los continentes! Te consagro la ciudad de Roma, y Polonia, unidas a través de tu servidor en un lazo nuevo de amor.

¡Madre, escucha mi plegaria!, ¡Madre, no nos abandones!, ¡Madre, guíanos!».

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización
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