Publicado en Fe
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... un regalo tan precioso que nadie puede comprarlo y al que nada se le puede comparar: entrega a Jesús a tus hermanos, como hizo nuestra Madre María (Card. Van Thuan).

Puede que tu corazón sea inmenso, pero que tengas poco dinero en los bolsillos. Solamente hay un regalo que puedes hacer en cualquier momento, un regalo a la medida de tu corazón, un regalo tan precioso que nadie puede comprarlo y al que nada se le puede comparar: entrega a Jesús a tus hermanos, como hizo nuestra Madre María (Card. Van Thuan).

Chiara Lubich, la fundadora del movimiento de los Focolari, quería «unir a todos los miembros del Cuerpo místico». Y cuando ese movimiento se hizo floreciente, le puso un nombre muy simpático: «Opus Marine» («la obra de María»). Todos los años se reunía en grandes asambleas, a las que llamaba Mariápolis («la ciudad de María»), pues la gente no iba allí para discutir un tema o un problema, sino para vivir en caridad, como en la casa de María. Estas son algunas de sus ideas sobre María:

«La Virgen no fue a casa de Isabel para cantar el Magnificat, sino para ayudar a su prima. Como María, no vayamos nosotros unos a casa de otros para exhibir nuestros valores y nuestras cualidades, sino para llevar con ellos sus cargas y compartir sus responsabilidades o sus alegrías».

«Esa es una excelente actitud, a la vez que una buena ocasión para estimularnos a amar al que nos dijo que nos tratásemos como hermanos».

Jesús y María han llevado a cabo la mayor revolución de la historia de la humanidad, una revolución capaz de poner en tela de juicio a esa historia... Y Jesús la realizó en su propia persona, sin provocar ruinas ni matanzas, y sin abolir ninguna ley. Se sacrificó para que pudiera tener lugar aquel momento histórico en que la Nueva Alianza sustituyó a la antigua (Card. Van Thuan).

Si tienes espíritu arriesgado, sigue los pasos de la Virgen María. Su vida es una auténtica aventura de fe. Ella lo dejó todo en manos del Señor y se puso en camino. Tanto en la gruta de Belén como en Egipto, y como en Nazaret, y como en el Gólgota, mantuvo la confianza y caminó. Con ella, tienes asegurada la aventura (Card. Van Thuan).

Con María

«Cuando los discípulos estaban reunidos en torno a María, bajó sobre ellos el Espíritu Santo y empezaron a anunciar con una fuerza desconocida palabras de vida, que reunieron a miles de personas e hicieron que se decidieran a seguir a Jesús para formar el primer núcleo de la Iglesia.

»Con María, se hace realidad un amor singular. Si todos los cristianos se amasen como cuando María estaba en medio de los discípulos, estoy convencida de que entenderíamos mejor la palabra de Dios que nos imparten los sucesores de los apóstoles. Penetraría más profundamente en nuestros corazones y haría que, a través de nosotros, estallase una verdadera revolución cristiana. Pues hay que confesar que muchos de nosotros llevan el nombre de cristianos por ligereza, como por diversión y por pérdida de tiempo, mientras el enemigo se dedica a fomentar en el mundo el odio que lo desgarra».

El sufrimiento agudiza nuestra sensación de impotencia. Al pie de la cruz, María contempla a su hijo amado sin poder hacer absolutamente nada por él. Su corazón se rompe de tanto como lo ama. Pero se mantiene de pie. Cuando sientas tu impotencia ante el sufrimiento, deja que tu Madre te sostenga con su ternura (Card. Van Thuan).

Mira, al pie de la cruz, a la Virgen María alcanzando la cima de todas las virtudes: la ternura, la humildad, el silencio, la paciencia, la esperanza y el amor (Card. Van Thuan).

La pasión de María:

«Meditamos muy poco la Pasión de María. Raras veces pensamos en la espada que le atravesó el corazón, o en su dolorosa soledad en el Calvario cuando Jesús la entregó a otro. Quizás porque María se las ha ingeniado para escondernos sus sufrimientos y la agonía de su corazón con el silencio, la dulzura y la paciencia. Para nosotros, María es ante todo la Inmaculada, la Toda hermosa, la Madre de Jesús. ¡Y eso es verdad! Pero con demasiada frecuencia olvidamos que también ella fue crucificada y que nunca ha habido dolor como su dolor...

»Si algún día nos toca sufrir hasta sentir cómo se nos estremecen todos los huesos, hasta el delirio, quizás ese día podamos llegar a entender los sufrimientos de nuestra Madre...

»Entonces, gracias a esos sufrimientos, seremos semejantes a ella, y su imagen de Madre dolorosa se imprimirá profundamente en nuestra alma. Como Madre toda hermosa, como Madre de todos los hombres por bondad de Dios, María sufre tanto por vivir separada de sus hijos, que nos ama todavía más y está más cerca de nosotros».

María vivió totalmente para Jesús. Su misión consistía en colaborar con él en la redención de los hombres. Por eso, toda la gloria de María proviene de Jesús. Ella no sería nada si su Hijo no fuese el Señor Jesús y si no hubiese vivido toda su vida para él. Si tú te separas del Señor, tampoco tu vida tendrá ningún valor (Card. Van Thuan).

Revivir la vida de María:

«¿Cómo podemos revivir la vida de María? Dando al mundo a Jesús que vive en nosotros y en nuestra comunidad por la gracia de Dios. Revivir la vida de María consiste en servir a la Iglesia, en servir con fidelidad a los que entre nosotros representan a Cristo y a san Pedro, es decir, al Papa y a los obispos».

El don total de sí misma que hizo la Virgen María es tanto más grande cuanto que se entregó por entero al Señor. A contracorriente de las ilusiones de las jóvenes de su tiempo, ella decidió permanecer virgen. Y el Señor le concedió el don de ser a la vez virgen y madre: Madre de Dios y Madre de la humanidad (Card. Van Thuan).

«Ahí tienes a tu Madre»:

«No nos llamamos hijos de María únicamente para alabarla e imitarla, sino también para ayudarla y para compartir su trabajo y su lucha, como ella lo espera de nosotros. Ser hijos suyos es querer sufrir y luchar en la lucha que ella dirige en el mundo y a través de los tiempos. La Sagrada Escritura la presenta así en el mundo: "La que ha aplastado la cabeza de la serpiente".

»Tenemos que llevar una vida digna de nuestra devoción filial, asumiendo con perfección nuestras reponsabilidades, haciendo nuestras las angustias y las preocupaciones de María por sus hijos, para ser, por así decirlo, una prolongación de sus brazos bienhechores hacia el mundo, de forma que puedan decir de nosotros: "Desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa"».

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización
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