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Lo que cuenta no es el número de tus actividades, sino el grado de amor que las anima y las sublima (Card. Van Thuan).

Los afectos frívolos que te atan son cadenas que te impiden levantar el vuelo (Card. Van Thuan).

Lo que cuenta no es el número de tus actividades, sino el grado de amor que las anima y las sublima (Card. Van Thuan).

Era sólo una joven, muerta a los veinticuatro años en el carmelo de Lisieux. Pero tenía un inmenso corazón:

«Ser tu esposa, Jesús, ser carmelita, ser por mi unión contigo, madre de almas, debería bastarme...[...].

«Sin embargo, siento en mi interior otras vocaciones: siento la vocación de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir. [...].

«¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo... Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio... Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos...

«Como tú, adorado Esposo mío, quisiera ser flagelada y crucificada... Quisiera morir desollada, como san Bartolomé... Quisiera ser sumergida, como san Juan, en aceite hirviendo... [...]. Como santa Inés y santa Cecilia, quisiera presentar mi cuello a la espada, y como Juana de Arco, mi hermana querida, quisiera susurrar tu nombre en la hoguera, Jesús... Al pensar en los tormentos que serán el lote de los cristianos en tiempos del anticristo, siento que mi corazón se estremece de alegría y quisiera que esos tormentos estuviesen reservados para mí. Jesús, Jesús, si quisiera poner por escrito todos mis deseos, necesitaría que me prestaras tu libro de la vida, donde están consignadas las hazañas de todos los santos, y todas esas hazañas quisiera realizarlas yo por ti...

«Jesús mío, ¿y tú qué responderás a todas mis locuras...? ¿Existe acaso un alma más pequeña y más impotente que la mía...? Sin embargo, Señor, precisamente a causa de mi debilidad, tú has querido colmar mis pequeños deseos infantiles, y hoy quieres colmar otros deseos míos más grandes que el universo... [...].

«Jesús, no puedo ir más allá en mi petición, temería verme aplastada bajo el peso de mis audaces deseos... [...].

«Mis inmensos deseos ¿no serán un sueño, una locura...? ¡Ay!, si así fuera, dame tu luz, Jesús. Tú sabes la verdad... Si mis deseos son temerarios, házlos tú desaparecer, pues estos deseos son para mí el mayor de los martirios... [...].

«Jesús, Jesús, si tan delicioso es el deseo de amarte, ¿qué será poseer al Amor, gozar del Amor...?».

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización
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