Un llamado para todos

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Nadie se ve excluido del llamado de Dios

“Dios quiere llamar a todos para trabajar en su Reino (…) y, al final, quiere dar a todos la misma recompensa, es decir, la salvación, la vida eterna”.

Por ello, “en el Reino de Dios no hay desocupados, todos están llamados a hacer su parte. Para todos al final habrá una recompensa otorgada por la justicia divina, no una justicia humana, ¡por fortuna para nosotros!, es decir, la salvación que Jesucristo nos ha otorgado con su muerte y su resurrección. Una salvación que no es merecida, sino regalada” reflexionó el Papa Francisco.

Así que, en lugar de anteponer nuestra lógica humana, llena de errores, debemos “dejarnos asombrar y fascinar por los planes y los caminos de Dios que, como recordaba el profeta Isaías, no son ni nuestros planes ni nuestros caminos. Los planes humanos están, con frecuencia, marcados por el egoísmo y los intereses personales, y nuestras angustias y preocupaciones no son comparables a los amplios y rectos caminos del Señor”.

El Santo Padre recordó que el Señor “ejerce la Misericordia, perdona ampliamente y está lleno de una generosidad y bondad que alcanza a cada uno de nosotros, y abre a todos los territorios su amor y su gracia que pueden dar al corazón humano la plenitud de su alegría”, por lo cual en lugar de tratar de discernir por nuestra propia cuenta sus motivos, debemos dejar que “Jesús abra nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso”.

Un amor “lleno de atención y de benevolencia, (…) que llama, que invita a alzarse, a ponerse en camino, porque quiere la vida para cada uno de nosotros, quiere una vida plena, comprometida, protegida del rostro de la inercia”.

El Papa Francisco concluyó su reflexión diciendo “Dios no excluye a nadie, quiere que cada uno alcance su plenitud”.

 

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