Domingo, 17 Octubre 2010 15:41

Enseñar a vivir el matrimonio (Segunda Parte)

Escrito por  Juan Meseguer
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¿Cuestión de suerte? La educación para el matrimonio también ha contribuido a desmontar la idea de que el éxito o el fracaso de la vida conyugal dependen de la buena o mala suerte de los cónyuges. Como si ambos asistieran desde un palco a su propia relación, determinada por factores externos y aleatorios.

“Cuando hablamos sobre el matrimonio, solemos hacerlo con muy buenas intenciones pero con muy mala información. Todo esto está a punto de cambiar. (...) Las investigaciones muestran que cualquier persona puede aprender a tener un matrimonio feliz”, explicaba hace unos años Diane Sollee, fundadora de Smart Marriages, una organización estadounidense que ofrece consejos on line y cursos de formación para fortalecer matrimonios.
Aunque la mala suerte existe (siempre existe la posibilidad de que te den gato por liebre), en la mayoría de los casos la vida conyugal se forja con las decisiones que toman los esposos. En este sentido, Sollee cree que el renacer del matrimonio en la sociedad actual es posible gracias al mayor conocimiento que tenemos en nuestros días. Ella lo resume en tres puntos:

  1. Tenemos nueva información para saber qué es lo que distingue a los matrimonios con éxito de los que fracasan. Por eso, es posible enseñar a la gente a potenciar lo que funciona.
  2. Tenemos nueva información para saber por qué el matrimonio importa. Durante años hemos creído –explica– que el matrimonio no marcaba la diferencia y que todos los “modelos familiares” eran igualmente beneficiosos para los niños. Gracias a las conclusiones de las ciencias sociales, ahora sabemos que esto no es verdad.
  3. Tenemos nueva información para saber qué podemos esperar del matrimonio. Con el mapa del terreno en la mano –que nos señala los picos y los valles predecibles– es más fácil manejarse. El conocimiento ayuda a ajustar nuestras expectativas a la realidad.

El mito de la media naranja

En un extenso reportaje publicado en el Washington Post (27-06-2010), la periodista Ellen McCarthy cuenta la frustración que sintió Sollee en los años ochenta cuando comprobó que el número de rupturas conyugales en Estados Unidos no paraba de crecer pese al aumento de consejeros y mediadores familiares.

En 1989, Sollee asistió a una conferencia de John Gottman, uno de los grandes gurús de la comunicación en el matrimonio. Tras varios años de experiencia en su consulta de Seattle, este experto en terapia familiar llegó a la conclusión de que casi todos los matrimonios discuten y se pelean más o menos igual y por idénticos motivos: el dinero, los hijos, el reparto de tareas en el hogar, el sexo…

Ahora bien, añadió Gottman, lo que distingue a los matrimonios felices de los insatisfechos es la manera constructiva en que aquellos logran gestionar los conflictos. A su juicio, es muy probable que las personas que se divorcian por diferencias irreconciliables y vuelven a casarse terminen discutiendo tanto o más en su siguiente matrimonio.

En la sociedad actual, donde se acentúa el sentimentalismo, una respuesta muy común al problema planteado por Gottman sería aspirar a encontrar a mi media naranja: esa persona que me comprende siempre y me complementa a la perfección.

“Vistas así las cosas –explica Sollee–, la clave del matrimonio se reduciría a eso: descubrir al hombre o a la mujer de tus sueños, y pensar que entonces todo marchará sobre ruedas. Éste es el gran mito”.

Y añade: “Todos los matrimonios felices tienen unas diez diferencias irreconciliables; diez cuestiones en las que nunca se pondrán de acuerdo. Si cambiamos de pareja, sencillamente cambiaremos de diferencias. (…) Nos gustaría que no estuvieran ahí, pero lo cierto es que están. Lo importante es seguir hablando, manejar las distintas opiniones con habilidad y que vaya suelto el matrimonio”.

“No son las diferencias sino el modo de manejarlas lo que distingue a los matrimonios felices de los infelices. Discutir no conduce al divorcio. Lo que lleva al fracaso es convertirse en un muro a través de evasivas, desprecios o críticas ácidas. Se trata de aprender a discutir de forma que acabes más enamorado”, aconseja Sollee.

Cualidades que importan

Muchos expertos coinciden en que la elección de la persona adecuada depende de los ambientes que uno frecuenta y, sobre todo, de las cualidades que uno valora y a las que da prioridad.

El matrimonio Les y Leslie Parrott, ambos orientadores familiares, considera que atender a las cualidades internas de las personas (carácter, creencias, capacidad de amar…) es un buen criterio de elección, lo cual no significa excluir otras (Les y Leslie Parrott, Saving Your Marriage Before It Starts: Seven Questions to Ask Before (and After) You Marry, Zondervan, Michigan, 1995).
Según el equipo de investigadores de la Fundación Educativa Internacional de América Latina, son precisamente las cualidades internas las que más valoran quienes llevan tiempo casados: la ternura y el cariño, la honestidad, la confianza, la fidelidad, el compromiso, la disposición al sacrificio y el sentido del humor.

En la misma línea, Judith S. Wallerstein y Sandra Blakeslee sostienen que los matrimonios que se consideran felices son los que ven a su cónyuge como una persona “noble, moral y merecedora de admiración” (Judith S. Wallerstein y Sandra Blakeslee, The Good Marriage: How & Why Love Lasts, New York, Houghton Mifflin, 1996).

Modificado por última vez en Jueves, 03 Mayo 2012 13:34

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