En primer lugar está la oración; enseguida el sacrificio; después hay que actuar.
La oración es el fundamento de la vida espiritual. Al orar te unes a Dios, te comunicas con El. El foco no se enciende si no está unido al generador eléctrico.
¿Crees en el poder de la oración? Medita esta palabra del Señor:
“En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y. hallaréis, tocad y se os abrirá” (Lc 11,9). ¿Conoces alguna compañía de seguros que ofrezca tales garantías?
El alimento secreto de la vida cristiana es la oración. No le creas a quien no ora, aunque haga milagros.
Debes orar siempre y en todo lugar. Jesús nos lo ha dicho: “Orad sin desfallecer”.
“Cuando están dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos”. Esta palabra de Jesús se realiza especialmente en esas numerosas comunidades de oración que a miles de kilómetros del sacerdote, continúan con perseverancia reuniéndose en medio de peligros y en el aislamiento.
Te desconciertan todas esas personas que han perdido su vocación y su fe, que han traicionado a la Iglesia. Entre todos los motivos que se pueden encontrar para explicar su deserción hay siempre uno que es decisivo: habían dejado de orar desde hacía mucho tiempo.
No desdeñes la oración. A los apóstoles que pedían: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1), Jesús les respondió: “Cuando oréis, decid: “Padre nuestro que estás en los cielos... “(Mt 6,9). El es el que nos enseña a orar.
Siervo de Dios card. F.X. Van Thuan
A los ojos de Dios la acción sin oración es inútil. ¡De hecho, las máquinas dan mejor rendimiento que tú!





