Los jóvenes refugiados sirios que viven y estudian en México

Publicado en Sociedad
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"Imagínate que estás muerto y alguien te da una cura milagrosa. Eso es lo que se siente venir a México".

Silvia Hassan Nabo, en su natal Siria solía ver las telenovelas mexicanas, luego la guerra civil forzó a su familia a migrar a Iraq, donde cada vez que podía retomaban el drama de sus novelas. Cual no sería su sorpresa cuando les ofrecieron venir a México a estudiar.

Su padre se preocupó "sentía miedo de que viniera a México porque pensaba que era una tierra de criminales y mariguana - es lo que veía en las series de televisión y las noticias".

Otro de los estudiantes sirios refugiados, Aldabak, originario de Alepo, quien todavía conserva la herida de la bala de un francotirador, también confiesa "que estaba preocupado por mi seguridad [al venir a México] y mi familia también lo estaba. Pero, Alepo es muy peligroso, Aguascalientes esta bien", ríe ahora.

Todos ellos desacreditan los reportes de que México sea el segundo país más violento después de Siria. "Camino a la tienda a las 3 de la mañana solo y todo está bien, nadie te va a matar por mi religión o mi nacionalidad. Hay mafias en todos los países. No puedes comparar a México con Siria o con Irak, los peligros son muy diferetens" comenta Mohammed, su marido.

Hassan vino como parte del programa Habesha, una organización no gubernamental, que busca darles nuevas oportunidades a los jóvenes sirios refugiados por la guerra. Se dedica a sacarles visas, buscar becas en universidades y cursos de español, y financiamiento para sus estudios.

Hassan llegó junto con su esposo, a quien conoció en el campo de refugiados. Actualmente estudian español en Aguascalientes y se juntan con otros jóvenes sirios. Del grupo de 10 estudiantes sirios todos tienen perfile diferentes, algunos son kurdos, otros alawitas, sunis o cristianos y son de diferentes clases sociales. "Así era en Siria antes de la guerra, estabamos todos mezclados", recuerdan.

Silvia usa el velo que es obligatorio para las mujeres musulmanas casadas, la gente la mira pero poco a poco se va acostumbrando a su vida en México. Los jóvenes refugiados se juntan para hacer platillos de su tierra, sus pláticas en inglés, árabe y kurdo, todavía no en español, son acerca de su nuevo país adoptivo y su comida. Nunca hablan de política.

Mohammed dice, "va a ver muchos retos en México, pero lo vamos a hacer. Después de ser refugiado por 4 años, ser estudiante se siente muy bien. Se siente ser normal otra vez".

Tienen grandes planes para el futuro, están conscientes y quieren aprovechar la oportunidad que tienen de estudiar a nivel profesional y llegar a ser útiles a la sociedad. Algunos quieren regresar a reconstruir su patria, otros no están tan seguros, todavía hay mucha incertidumbre acerca del futuro de su país.

"Imagínate que estás muerto y alguien te da una cura milagrosa. Eso es lo que se siente venir a México, como si hubiera vuelto a nacer" concluyé Silvia.

 

Fuente: The Guardian.

 

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