Para enfrentar la crisis, consume productos hechos en México.

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Sin importar el contexto, tener un espacio prioritario a lo producido en nuestro país es procurar por el futuro del bienestar social.

En términos generales, el consumo es un impulso de la actividad económica en México. La preferencia de los consumidores mexicanos por los productos que se elaboran en nuestro país fortalece la economía a nivel interno, y además tiene eco a nivel internacional, pues la mantiene en constante crecimiento. Pero, ¿esto peligra ante la volatilidad financiera que se prevé, que será provocada por las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos?

Si este fuera el caso, las afectaciones comerciales serían para ambas partes. A México porque Estados Unidos es su mayor socio en este ámbito. Y para el vecino del norte porque casi 5 millones de empleos estadounidenses dependen del comercio con nuestro país, de acuerdo con la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (FUMEC). Por sólo mencionar dos puntos críticos.

Para mitigar este impacto, la convocatoria actual tanto por parte de la ciudadanía como de los empresarios y gobierno -basta con adentrarse a las redes sociales para dar fe de esto-, ha sido la de retomar la premisa de consumir productos hechos en México como una solución.

Los beneficios de este modelo los señala el sitio de la empresa Sablón, entre los que destacan:

  • Se apoya a trabajadores mexicanos y al comercio formal.
  • Ayuda a que la economía mexicana se mantenga en constante crecimiento.
  • Se contribuye al pago de mejores salarios para trabajadores mexicanos.
  • Al evitar comprar productos importados se ayuda a que las fábricas se queden en México y con ellas el dinero, la infraestructura y los empleos.

Esta última línea la siguen algunas multinacionales: Grupo Modelo generó cerca de 30,969 empleos durante 2014; en equipos eléctricos, Siemens de Mesoamérica 5,550; en el sector farmacéutico Sanofi México, 1,883, conforme a datos de la revista Forbes, son algunos ejemplos.

Manuel Herrera, dirigente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), hace poco declaró al diario La Jornada que “Quien compra un producto hecho en México beneficia a muchas familias del país, el desarrollo de la economía nacional y contribuye a fortalecer el mercado interno. Consumir lo nuestro nos favorece a todos”.

De esta manera, invertir en México también es ayudar a que la economía del país sea más estable. A pesar del caso Trump, comprar lo hecho en México es un catalizador del desarrollo, puesto que incide positivamente en el ambiente productivo y competitivo del país.

Y esta debería convertirse una prioridad hoy y siempre, sin importar las condiciones del contexto. Tener un espacio prioritario a lo producido en nuestro país es procurar por el futuro del bienestar social.